La luz de marzo

Aparquemos los negros, grises, beiges y demás colores sobrios y elegantes y emborrachémonos de colores alegres a ver si se nos pega algo

En marzo se plantan los garbanzos, se va el tordo y llega la golondrina, pero sobre todo entra la primavera. ¿No os parece suficiente para sonreír y empezar a ver las cosas con un poco mas de optimismo?
Pero hay más, cambian las ciudades de gris a azul, en el campo empieza ese festival de colores que da el contraste del verde con las lavandas, las amapolas, las margaritas. Los días son más largos y las noches más templadas. Tenemos las vacaciones de Semana Santa a la vista y, además, este año la moda se ha apiadado de nosotros y en estos tiempos de incertidumbre y depresión los armarios se llenan de flores, mariposas, colores vibrantes, rojos, rosas, amarillos, verdes... todos combinados entre sí, revueltos, con mezclas rompedoras. Vamos, que abres el
ropero y se te van todas las penas. Aparquemos los negros, grises, beiges y demás colores sobrios y
elegantes y emborrachémonos de tonos alegres a ver si se nos pega algo.
Con el añito que llevamos y el pasado y el anterior, casi prefiero remitirme al calendario romano, donde martivs era el primer mes del año, y pensar que algo puede ocurrir, que podemos empezar desde cero y aliviar la situación de millones de personas, al menos que podamos divisar un poquito de luz.
Necesitamos luchadores que no se rindan ni se depriman, conscientes. No se trata de vivir en una nube, pero las sociedades también pueden caer en el pesimismo y la tristeza, así que hay que levantarse  con ganas de comernos el mundo y darnos cada mañana una ducha de energía positiva. Esto, como todo, es cuestión de entrenamiento; cuesta lo mismo dar los buenos días al vecino con una sonrisa que con un gruñido, y es mejor para todos.
Os deseo un feliz y esperanzado mes de marzo.

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