Entusiasmo contagioso

A Julio César se le representaba con la figura de un joven de carnes bronceadas por el sol y con los cabellos coronados de espigas. El emperador dejó el mes en 31 días en el calendario romano y en su honor se rebautizó este mes de verano. Así ha seguido Julius hasta nuestros días, pero con menos carnes bronceadas y, concretamente para nuestro país, con más espinas que espigas en la corona. Cuando las vacaciones duraban dos o tres meses y los niños no teníamos que preocuparnos de otra cosa que no fuera jugar y dormir (la horrible siesta), no había julio ni agosto, sencillamente llegaban las vacaciones. Ahora el verano cada vez es más corto, la crisis ha dejado a muchas familias sin playa o con un mini veraneo. Una semanita empieza a ser un lujo.
Éste es un año duro y lleno de incertidumbres, pero, aun así, me encanta el mes de julio. Siempre lo veo como el principio de algo, la ruptura con las rutinas, los días largos, el preludio del descanso o de posibles aventuras, el último esfuerzo y luego, en septiembre, ¡Dios dirá!
¡Hay tantos placeres baratos que podemos disfrutar!: una cervecita fría, un día de piscina, un baño en el río, la horchata por la tarde, montar en bici, las tertulias al fresco, redescubrir nuestra ciudad, salir al campo, leer AR… y encima este año tenemos Mundial. Todo puede ser maravilloso si lo disfrutamos, y mucho más si lo hacemos en buena compañía. Una de las cosas más contagiosas que hay es el entusiasmo y la risa; por eso siempre hay que rodearse de personas entusiastas y disfrutonas. Lo importante no es el dónde sino el cómo y con quién.
Para los que se van a veranear o los que no pueden disfrutar de vacaciones les llevamos al quiosco un verano lleno de ideas, de ilusión y de abrazos.

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