comentar imprimir enviar

No sin mi almohada

No es un grito de guerra. Para muchas personas, es una necesidad. El colchón, la almohada, la temperatura exterior y el nivel de estrés que acumulamos durante el día son claves para lograr una placentera noche de sueño

Por: Cantal Ceña

El calor, los hoteles y las segundas residencias que habitamos, sobre todo en verano, se pueden convertir en los mayores enemigos del sueño.
Noches enteras dando vueltas en la cama, despertarnos sin motivo aparente... Una mala noche se puede convertir en un mal día siguiente. Aunque también puede ser al revés. “Lo más importante es saber que la principal causa de insomnio resulta la acumulación de estrés durante el día, que es cuando se prepara el sueño”. Es la opinión del doctor experto en sueño Eduard Estivill, creador del método que lleva su nombre. Un remedio natural para acabar con los nervios acumulados durante el día son las hierbas medicinales. Las más eficaces son la valeriana, la melisa, la tila y el lúpulo. Las puedes tomar en pastillas, pero, si se beben en una infusión, el calor relaja los músculos y ayuda más. Mientras que el estrés es una de las principales causas del insomnio durante todo el año, las altas temperaturas también se convierten en un problema a lo largo del verano. El doctor Diego García Borreguero, director del Instituto de Investigaciones del Sueño (IIS) explica que “durante el sueño, el cerebro ve muy disminuida la capacidad para autorregular su temperatura. El termostato cerebral reacciona al calor despertándose”. Por lo tanto, ¿el calor nos impide dormir bien? “Totalmente cierto”, asegura Estivill. “El cuerpo necesita una temperatura ambiental de entre 18 y 22 grados para conseguir un sueño profundo y reparador. Desgraciadamente, no todo el mundo puede disponer de aire acondicionado o ventiladores. Por esto, el insomnio y, sobre todo, la sensación de mal descanso (sueño poco profundo) es más habitual en verano”.

Relacionado con el estrés y el cambio de actividades diarias que implica el verano, existe otro factor a tener en cuenta para conciliar el sueño: la rutina. Según el director del IIS, “todo lo que sea mantener horarios regulares, sin caer en una rigidez excesiva, es bueno. Detrás del hecho de dormirnos, hay toda una serie de fenómenos fisiológicos que funcionan en base a un reloj interno. El hábito es tan importante porque el cerebro tiene una fisiología que predice conductas que se van a producir a la misma hora, cambios importantes que va preparando con antelación. Así que, cuanto más regulares sean los horarios en los que nos acostamos y nos levantamos, más probable va a ser que cuando queramos dormir lo consigamos”.

Compartir: