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Cerco al gluten

Etiquetado sin gluten

Texto: Sonsoles González

La situación ha mejorado con la llegada del nuevo reglamento del etiquetado sin gluten, aprobado por la Unión Europea. Hasta la fecha, los celíacos españoles gastaban un 30% más en la compra, además de invertir dos horas más que la media de los consumidores en elegir en el supermercado lo que podían consumir y lo que no. Ahora se considera 'Sin gluten' cualquier alimento cuyo contenido de esta proteína no supere los 20 miligramos por kilo.
Hoy por hoy, los celíacos tienen 4.000 productos seguros a su disposición, con su correspondiente etiquetado ‘Sin gluten’. Y aunque el 70% de los productos que hay en el mercado están libres de gluten, como no se indica en el envase, los celíacos no se atreven a comprarlos. Con la nueva normativa, se calcula que, en un año, el número de artículos garantizados pasará a ser del orden de 10.000.
De cualquier forma, lo más útil es recurrir siempre a la Lista de Alimentos que edita anualmente FACE (Federación de Asociaciones de Celíacos de España). En ella aparecen los productos y marcas que, con carácter voluntario, los fabricantes declaran como libres de gluten, y que están certificados con la marca de garantía Controlado por FACE. Además, en las principales cadenas de supermercados los productos sin gluten ya ocupan su propio espacio, perfectamente indicado.
Pero, quizá, el principal inconveniente para el celíaco surge cuando sale de casa. Viajes, celebraciones familiares, el cumple de los amigos, comidas de trabajo,... son todo un reto. Los niños llevan su propio pan para que les preparen su hamburguesa ‘personalizada’ (cadenas como Mc Donald’s lo hacen sin problemas), hay que mirar la carta con lupa, preguntar mil veces al cocinero sobre los ingredientes o solicitar a la compañía aérea, con días de antelación, un menú apto para celíacos, entre otras cosas.
La actriz Silvia Marsó, madre de un niño celíaco, asegura en el libro Celíacos Famosos que “para David lo peor de salir de casa es no poder comer lo que quiere o le apetece. Tampoco le agrada tener que preguntar la marca del alimento que se va a llevar a la boca para saber si puede comerlo o no. Y cuando viajamos llevo siempre una mochila con su pan, sus galletas y cereales”.

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