¿Cuál es tu umbral del dolor?

El poder de la palabra

Ante el mismo daño, unos sufren más y otros menos. La culpa es de la genética, pero tranquila: la medicina está cambiando y las sufridas acabremos siendo una especie en extinción

Texto: NURIA SAFÓN

Otro factor esencial y que cada vez se incluye más en los protocolos médicos son las expectativas. Los médicos recuerdan que si se le explica a un paciente qué va a sentir ante una determinada situación y cuánto le puede doler, generalmente necesitará menos analgésicos para aliviar su sufrimiento. Al hilo de esta iniciativa, el doctor Marcos Gómez, especialista en medicina paliativa del Hospital Universitario de Gran Canaria Dr. Negrín, apuesta por el poder analgésico de la palabra. “Hoy el médico cree en el poder de la química y no tanto en el de la palabra. Fármacos como la morfina no hacen el mismo efecto si se administran dentro de un concepto de amistad médica”, añade.
Del mismo modo, enseñar técnicas de relajación o respiración puede ayudar enormemente al paciente. Pérez Cajaraville añade que, efectivamente, “las emociones y estados de ánimo intervienen en la percepción del dolor”.
“Estudios de imagen han demostrado que, en pacientes con dolor crónico, las zonas del cerebro relacionadas con la molestia se activan al mismo tiempo que las áreas relacionadas con las expectativas –continúa–. De este modo, la anticipación y la ansiedad pueden hacer que una mala experiencia se convierta en una pesadilla. Asimismo, expectativas positivas hacen que el dolor sea menos patente”.

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