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Fecundación in vitro: historia de un milagro

Después de Victoria, nuestra primera niña probeta, han nacido 8.000 niños como ella en España. La técnica ha mejorado, la practican 70.000 parejas al año y existen paquetes turísticos que combinan tratamientos con días de amor y playa. Pero quedan retos pendientes: evitar los embarazos gemelares y facilitar el acceso a esta opción a través de la Seguridad Social

El nacimiento de la niña catalana fue noticia, sobre todo para los españoles. No era la primera en el mundo, sino la número 601, pero para muchas parejas de los años 80, su nacimiento abría una puerta a la posibilidad de tener hijos. Victoria Anna, que este mes cumple 26 años, fue portada de todos los periódicos: “Estoy orgullosa de representar algo tan bonito, fue una noticia importantísima para muchas parejas que no podían tener hijos y vieron en mí una esperanza. Pero soy consciente de que en realidad no he hecho nada. Ahora estos tratamientos se han estandarizado y son muy comunes. En aquel momento no era así”. Desde entonces, la ciencia ha avanzado mucho. España es el tercer país de Europa con más tratamientos de fertilidad, sólo por detrás de Francia y Alemania. En 2007 se realizaron 83.454, lo que supone alrededor del 2% de los nacimientos registrados. Se hacen muchos tratamientos, y bien. De hecho, según Agustín Ballesteros, director del Instituto Valenciano de Fertilidad (IVI) en Barcelona, España “lidera” la medicina reproductiva en Europa: “Somos muy eficaces, logramos rendimientos muy buenos. Gracias a nuestra solvencia, muchas parejas extranjeras vienen aquí a someterse a tratamientos, cuando, por precio, podrían escoger otros países”, explica. Todos estos adelantos se han traducido en resultados: si, en los años ochenta, la tasa de embarazo por ciclo de la FIV en España se situaba alrededor del 20%, hoy es del 40%.
Evitar los embarazos múltiples
Estos excelentes números sólo tienen un pero: pese a que también se han mejorado resultados, los embarazos múltiples siguen siendo un lastre. “Nuestra asignatura pendiente es evitar el embarazo gemelar. Ya hemos aprendido a evitar los de trillizos, pero el de gemelos aún está muy asumido”, dice Ballesteros. En España la ley pone como límite la cifra de tres embriones por transferencia. El equipo médico da su opinión y la pareja es la que tiene la última palabra. Y normalmente la opción es transferir dos. “Por mi experiencia personal, hoy por hoy, la mayoría de parejas prefiere que se les transfieran dos embriones. Psicológicamente están muy cansadas, han pasado por tratamientos complicados y quieren asegurar el embarazo. Deciden optar por la eficacia y no consideran un embarazo gemelar como algo grave”, explica Ballesteros.
Los cambios en la medicina reproductiva han ido de la mano de los sociales. En la mujer, el cambio fundamental es la edad a la que decide ser madre:
la edad media de las pacientes que se someten a FIV es, por ejemplo en el Instituto Dexeus de Barcelona, de 36,7 años. Y a mayor edad, mayor dificultad de gestación: no sólo se agota la reserva ovárica, sino que su calidad disminuye.
Los principales avances:
Icsi. A mediados de los noventa, constituyó una revolución dentro de la historia reproductiva. Es la capacidad de inseminar un óvulo con tan sólo un espermatozoide. Dio la oportunidad de tener un hijo biológico a muchas parejas que tenían que recurrir a bancos de semen porque el hombre era poco fértil.
Diagnóstico preimplantatorio. Una técnica que permite seleccionar embriones cromosómicamente sanos para evitar la transmisión de enfermedades genéticas.
Vitrificación de ovocitos. El IVI de Valencia ha introducido esta técnica en España como alternativa a la congelación tradicional. Es un salto importante, porque consigue mejorar la supervivencia de los óvulos respecto a la congelación (un 97% de éxito frente al 60%).
Desarrollo de blastocistos. La transferencia de embriones se suele realizar a los tres días. El desarrollo del blastocisto (embrión de cinco días) mediante cultivos más largos asegura mejores pronósticos.
Preservación de la fertilidad. Va dirigido a mujeres que sufren enfermedades oncológicas que podrían acabar con la función de sus ovarios. Se les somete a una estimulación ovárica para obtener óvulos que se vitrificarán para su uso en un futuro.
EmbryoScope. Se trata de un incubador que permite observar el embrión “al segundo”, lo que aumenta la eficacia un 15%. El IVI es el único laboratorio del mundo que trabaja con este incubador.

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