Reiki
"Me ayudó a superar la muerte de mi hija”
Texto: Sonia Fornieles
La historia de Momi es todo un ejemplo de superación. A ella el reiki le ayudó a superar la pérdida de algo esencial: “Cuando, en marzo de 2004, falleció mi hija con 17 años, el sol seguía saliendo por la mañana, los pájaros cantaban, las personas seguían sonriendo... pero yo no podía levantarme y afrontar un nuevo día”. Momi conoció a Dulce Camacho, presidenta de la asociación Alaia (Ayuda a Enfermos Graves y Personas en Duelo), y a otras personas que habían pasado por un trance muy parecido al suyo, y comenzó a asistir al grupo de duelo de padres. “Un día empecé a recibir reiki en la asociación, y durante las sesiones notaba unas sensaciones muy reconfortantes. Al cabo de un tiempo, me inicié y comencé yo a hacer reiki a otras personas en proceso de quimio, pérdidas de hijos, depresiones...
y comprobé, sorprendida, que lo que transmitían mis manos les hacía sentirse bien. Solicité hacer un curso con el fin de formar parte del grupo de voluntarios que iban al Hospital Ramón y Cajal de Madrid”. A Momi, además de sentirse mejor al recibirlo, le beneficiaba mucho darlo a los demás y le gratificaba comprobar que ayudaba a gente en su misma situación.
“Mis manos les transmiten bienestar, relajación, su expresión cambia cuando nos ven al grupo de voluntarios entrar en la habitación. A veces hasta se duermen. Las primeras semanas mi marido me preguntaba: “¿Qué tal estás?”, mi respuesta era: “Parece mentira de donde vengo y la paz que traigo”. Momi encontró en el reiki su propio bienestar y la posibilidad de hacer algo por los demás.




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