Y tú, ¿qué lugar ocupas en tu familia?

Marcados por nuestra posición

Que el hijo pequeño nunca vea el momento de hacer los deberes mientras que su hermano mayor los haga sin rechistar no se debe siempre a razones genéticas. Las teorías sobre cómo influye en la formación de la personalidad el orden de nacimiento siguen generando debates abiertos en el mundo de la psicología. Ya en los años veinte el discípulo díscolo de Sigmund Freud, Alfred Adler, aseguró haber encontrado rasgos diferentes entre hermanos basándose en si eran los mayores, los pequeños o los del medio. A grandes pinceladas, Alfred esbozó la imagen de un primogénito conservador y perfeccionista, un mediano con un claro don para mediar en conflictos y un divertido benjamín encantador de serpientes.

Marcados por nuestra posición
Los Grimaldi. Los rasgos de los tres hijos de Gracia y Rainiero tienen mucho que ver con el orden que tienen en la familia. La primogénita, Carolina, mantiene una actitud más conservadora frente a la benjamina, Estefanía, de carácter más rebelde. En el medio, Alberto, que en los años de su juventud prefirió mantenerse en segundo plano. De los tres, es el que más ha tardado en casarse, quizás porque, según estas teorías, a los medianos les cuesta más tomar decisiones.

Durante años, muchos profesionales han considerado estas afirmaciones una teoría sin más, hasta que recientemente el profesor del Instituto de Investigación Social y de la Personalidad de la universidad californiana de Berkeley, Frank Sulloway, ha puesto sobre la mesa el más amplio estudio estadístico llevado hasta el momento, que ha recopilado en su libro Rebeldes de nacimiento (Ed. Planeta). En él recoge las conclusiones a las que llegó tras haber analizado las vidas de más de 6.000 personajes históricos. Sulloway encontró que la mayoría de los líderes políticos y hombres de empresa son hermanos mayores, mientras que los pequeños son los que históricamente han estado al frente de una revolución o cambio social.

¿Nacen o se hacen?
Más bien las dos cosas. “Estamos en posición de decir que la influencia en el comportamiento de la genética y del medio ambiente es del 50%”, asegura Juan Luis Martín Ayala, doctor en Psicología y codirector de Etxadi, Centro Universitario de Psicología de la Familia, de Bilbao. En otras palabras, tu hijo viene la mitad programado de nacimiento y la otra mitad la va modelando mientras interacciona con el mundo que le rodea, y es aquí cuando parece que la manera en la que lo tratamos puede tener una gran influencia en su
personalidad.
“Claro que tratamos a los hijos de forma diferente –asegura Lola Fernández, directora del centro multidisciplinar iPsike, de Madrid–: lo hacemos en función del rol que nosotros mismos les hemos dado”, añade. Pero ¿está ese rol influido por el orden que ocupan dentro de la familia? “Hay que tratar de relativizar un poco las cosas: cada persona es un mundo y cada familia también. Aun así, podemos decir que el primogénito suele ser el más conservador de la familia, porque los padres tienden a delegar autoridad en él, lo que se convierte en una conducta mantenida, mientras que el benjamín es menos convencional y más crítico con la autoridad, sobre todo porque el papel conservador ya está asumido”, explica Enrique Arranz Freijo, catedrático de Psicología de la Familia de la Universidad del País Vasco y autor de varios estudios sobre relaciones entre hermanos.
Por lo visto, somos los padres los que ponemos en práctica una especie de exclusión para evitar celos y competitividad entre ellos. Por ejemplo, decimos que a uno se le dan bien los números y al otro mejor las letras. Aun así, los hermanos siempre compiten, y es precisamente esta competencia la que según Frank Sulloway ponen en práctica para llevar a los padres a su terreno al tiempo que reafirman su personalidad. “Es habitual ver cómo el benjamín desarrolla estrategias sutiles y complejas para salirse con la suya, mientras que el mayor es más autoritario”, añade el catedrático Arranz Freijo.

Políticos, diplomáticos o artistas
La ilusión con la que se vive la llegada del primer hijo a la familia es indescriptible, y es un hecho irrefutable que es el que más tiempo y atenciones recibe de los padres.
Según Sulloway, los primogénitos crecen sabiendo que son más fuertes que sus hermanos, por lo que suelen tener un carácter dominante. También tienden a ser responsables, conformistas ambiciosos y poco innovadores. No es casualidad que un gran porcentaje de presidentes o directores de multinacionales sean los vástagos mayores de la familia, y también que, tal y como afirman en CareerBuilder, una empresa estadounidense de capital humano con presencia en 55 países, los que tienen un salario más alto. La historia de Leonard Lauder parece ratificarlo: este primogénito se hizo cargo del pequeño negocio de sus padres y con una metódica manera de trabajar y perseverancia convirtió a Estée Lauder en una las firmas de cosmética más importantes del mundo.
Cuando llega el segundo, este disfruta durante un tiempo de ser el benjamín, hasta que es relegado por el tercero. Ahí es donde desarrolla una gran habilidad para negociar en conflictos y dar salida a su don de gentes. También destaca por ser independiente, sociable y defensor acérrimo de las causas débiles. No es de extrañar que la princesa Diana de Gales fuera la tercera de cuatro hermanos: su carácter cercano hizo cambiar la imagen de la realeza británica y popularmente fue investida como la princesa del pueblo. Gran parte de su vida la dedicó a obras benéficas y, tras su muerte, la organización que lleva su nombre continúa realizando importantes labores humanitarias.
En cuanto a los pequeños, parece haber un denominador común: son rebeldes por naturaleza, posiblemente porque están hartos de que en casa todo el mundo les dé órdenes. También son sociables, cariñosos, bohemios, impacientes y, todo hay que decirlo, algo imprevisibles. Históricamente, los más pequeños de la casa han destacado en el plano artístico y revolucionario. Cuando Marlene Dietrich acuñó su célebre frase: “La libertad es la madre de todos los bienes cuando va acompañada de justicia”, no pudo resumir mejor los rasgos que años después el investigador Frank Sulloway atribuiría a los pequeños de la casa.

A distinto perfil, distintas opciones
“A los hijos se los puede querer por igual, pero no se les debe tratar de la misma manera, porque no estarías respetando su personalidad”, asegura la psicóloga Lola Fernández. Por eso es importante aceptar la forma de ser de cada hijo, sin hacer comparaciones, y ayudarles a sacar partido a su personalidad, potenciando lo que son y no lo que te gustaría que fueran. “La mejor inversión educativa que se puede hacer con respecto a los hijos es potenciar sus diferencias y darles un trato a medida. No podemos homogeneizar nuestra relación con ellos; hay que celebrar las diferencias”, asegura el catedrático Arranz Freijo.
Dicho esto, si ves que el mayor muestra interés por los negocios, déjale que explore diferentes posibilidades. Por ejemplo, podéis probar en el Wharton Business School de la Universidad de Pennsylvania (EEUU), donde han lanzado un portal gratuito (en español e inglés) para jóvenes de entre 15 y 19 años sobre conceptos básicos de negocios y finanzas
(kwhs.wharton.upenn.edu). Para el pequeño de espíritu libre, los talleres creativos en diversas materias potenciarán sus habilidades: desde escritura creativa a partir de los 12 años hasta estudios superiores en Istituto Europeo di Design (www.ied.es). En cuanto al empático que quiere acabar con las injusticias del mundo, la asociación internacional de emprendedores sociales Ashoka
cuenta con una comunidad (www.joveneschangemakers.org) en donde podrá trabajar en grupo para tratar de encontrar una solución a un problema social.
Aun así, tal y como afirman los expertos, no hay que olvidar que cada familia es un complejo galimatías con características propias y diferentes, en donde los rasgos del orden de nacimiento pueden verse influidos o incluso diluidos por otras muchas razones: la diferencia de edad (cuando se llevan más de siete años se convierten más bien en hijos únicos), el número de hermanos... “Lo importante es respetar la forma de ser de cada hijo”, concluye Juan Luis Martín Ayala.


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