Ser bueno, te hará bien
La honestidad, la paciencia, el respeto, la gratitud, el perdón... son valores en alza. No ahorres en ninguno de ellos, derróchalos: ¡obtendrás grandes beneficios!
Las últimas corrientes psicológicas y espirituales apuntan la sociabilidad y la bondad como rasgos consustanciales a la naturaleza humana, y subrayan que nuestra felicidad es directamente proporcional al bien que hacemos a los demás... parece que el cielo –y no el infierno, como afirmaba Sartre– está en los otros. “¿Por qué las personas agradecidas son más eficientes? ¿Por qué los que se sienten integrados en su entorno se muestran menos propensos a la depresión? ¿Por qué los niños que reciben mucho amor y atención se convierten en adultos más saludables e inteligentes?”.
El psicoterapeuta Piero Ferrucci plantea y contesta estas cuestiones en su libro El poder de la bondad (Editorial Urano). Para él ésta es sinónimo de salud mental y la fuente de otras cualidades positivas, tales como la empatía, el perdón, la generosidad... además de suponer la actitud más económica, ya que nos permite ahorrar mucha energía al no malgastarla con posturas defensivas. La mayoría de las tradiciones espirituales consideran que la bondad y el altruismo son los caminos que conducen a la salvación o a la liberación. Para el Dalai Lama “la bondad y la compasión son una fuente de alegría permanente”. Y su base se halla en el deseo de ayudar a los demás. El actuar con justicia hacia los otros nos reporta un beneficio a nosotros mismos. Y prosigue: “Si la sociedad sufre, sufrimos; nuestra dicha se encuentra ligada a la felicidad de los otros”. En consecuencia, cuanta más hostilidad alberguemos, mayor será nuestra infelicidad. El filósofo José Antonio Marina, por su parte, define la bondad como “una gran demostración de inteligencia” que “da solución a dos problemas fundamentales: el de la convivencia y el de la dignidad ”. Nuestra supervivencia depende de la bondad de muchas personas. Esto se hace más evidente al comienzo y al final de nuestra existencia: al nacer nos hallamos bajo el cuidado paterno y, llegados a la vejez, volvemos a depender de los demás.
Así pues, ¿por qué durante el desarrollo de nuestras vidas, cuando tenemos la oportunidad, no nos dedicamos a hacer el bien a los otros? Ferrucci culpa al “enfriamiento global” en el que nos hallamos inmersos: “El calor humano ha sido eliminado de la vida cotidiana”, pero se usa como reclamo publicitario: caldos caseros, tartas como las que hacía la abuela, móviles que nos mantienen siempre en contacto... La bondad es, para este psicoterapeuta, “el remedio universal” y la cualidad esencial para conseguir el éxito en todos los ámbitos –personal, educacional, empresarial, profesional, político y hasta medioambiental–.




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