Te mereces una segunda oportunidad
Paola Dominguín: “El mundo espiritual es muy generoso, puedes volver a enamorarte...”
En busca de su camino: ha sido modelo, bailarina, actriz de teatro, cine y televisión, empresaria... A los 51 años, la hija del torero Luis Miguel Dominguín y Lucía Bosé ha encontrado su vocación como diseñadora de moda para el hogar.
Texto: Clara Laguna. Fotos: MARÍA DE MIGUEL.
Formar parte de una familia en la que todos tienen una personalidad tan fuerte tiene que marcarte de alguna forma. Ella, sin embargo, sostiene que lo que es hoy por hoy es fruto suyo –“¡No puedo echárselo en cara a mis mayores!”–, aunque ese toque extravagante que tiene –aparece con un lagarto de plástico enorme en el bolso, que le ha regalado su hijo de 23 años, Nicolás Coronado–, sí parece un rasgo heredado...
Paola sorprende por su naturalidad y por su inclinación a hacer un poco el ganso. “Creo que me he divertido poco en la vida. He sido muy seria y he trabajado mucho. Voy a romper ese mito, ¡a la vejez viruelas!”, se ríe. Lo cierto es que en cada etapa de su vida se ha entregado en cuerpo y alma, aunque a veces no supiera muy bien por qué lo hacía. Admite que mientras fue modelo lo pasó fatal: “Era muy joven y estaba aprendiendo. No entendía el mundo de la mujer ni el de la moda. No comprendía por qué había que construir una imagen y no se podía ser una misma”.
Afirma que le sacó partido; aprovechó para viajar, conocer gente... pero no era su lugar y siguió a la búsqueda de su propia identidad. Lo hizo en el cine, en la televisión y el teatro. “ Disfrutaba muchísimo como actriz, pero algo me decía que no era lo mío”, explica. Quizá el tener cualidades para algo no significa que ése sea nuestro destino. Antes, Paola ya había querido ser bailarina, para lo cual se estuvo formando durante 18 años. “Me fascinaba, pero se necesita una entrega que no estaba dispuesta a dar”.
Hasta los 42 años no supo que iba a meterse en el mundo del diseño. “Con los otros trabajos no me sentía a gusto, no veía una continuidad. Luego descubrí que diseñando es con lo que me siento cómoda y con lo que verdaderamente disfruto”, comenta.
Su marca, que –según explica– le permite tener la cabeza en marcha y ser creativa, nació en 2005 con una colección de joyas en plata. Después llegó el textil para hogar, el material escolar... Hoy asegura que prefiere la creación para la casa –“más fiel y duradera”– y que se siente muy satisfecha con lo que hace.
Sin miedo a los cambios
¿Cómo supo que era el momento de dar el paso y cambiar? “Ah... eso nadie te lo tiene que decir. Hay que saber reconocer las alertas. A veces nos apalancamos, hay miedo, inseguridad... vas aguantando y esperando, pero un día salta un ‘clic’ de forma natural y hay que ser valientes”, subraya.
Ella lo ha sido siempre, también en lo personal: la exmodelo ha superado dos rupturas nada fáciles: con el actor José Coronado (con quien tuvo un hijo, también actor) y con el compositor Manuel Villalta (con quien tuvo una hija hace 16 años, Alma). “Los cambios suelen ser buenos para todos –comenta–. No hay nada peor que arrastrar algo que ya no encaja en tu vida”.
Para curar heridas, se apoya en el optimismo y en la actividad: “Hay que dejar que pase el tiempo y no ser rencoroso. Todo tiene un proceso; el que se queda anclado en algo es porque no tiene adonde mirar. Y no hay que regodearse, sino tirar ‘p’alante’ y no dejar flecos, que se meten entre las ruedas y te hacen caer”.
Nueva ciudad, nueva vida
A ella cambiar de escenario siempre le ha servido para cerrar ciclos. Con su segundo marido vivió en un pequeño pueblo de Segovia mientras sus hijos eran pequeños; luego en Madrid, y ahora hace un año y medio que se mudó a Valencia. Allí ha vuelto a enamorarse (inesperadamente), de un empresario: “La vida te da muchas oportunidades, aunque también has de buscarlas. El mundo material es complicado, pero el espiritual es más generoso, puedes volver a enamorarte...”.
Paola asegura que se ha redescubierto, ha sacado “lo que tenía que sacar” y ahora sueña con recorrer el mundo cuando su hija cumpla los 18. Y, lo que es más importante, se ha quitado corazas. “A veces eres como la gente quiere que seas y lo haces por no discutir, pero eso te va pesando”.




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