¿Ansiedad yo?
¿Es una enfermedad?
El estrés puede llegar a convertirse en una pesada carga. Sin embargo, una detección temprana y un tratamiento adecuado pueden convertirte en una de esas personas que nunca se alteran
Texto: Nuria Safont
Un 10% de la población sufre ansiedad a lo largo de su vida (4 millones en España). La prevalencia es tan grande, que incluso hay terapias de autoayuda en libros o en Internet, pero que no siempre han demostrado una eficacia real. Y es que cuesta mucho tomar la decisión de pedir ayuda psiquiátrica. Muchas personas han llegado hasta el punto de sufrir una crisis de ansiedad y experimentar la sensación real de la muerte inminente (los síntomas de la crisis de ansiedad pueden confundirse con un ataque el corazón, puesto que causan opresión en el pecho, palpitaciones, sensación de ahogo...) para aceptar que hay un problema que resolver. Otros conviven con la ansiedad a diario. Con ella y con otros síntomas somáticos asociados. De hecho, según el doctor Javier García Campayo, del servicio de Psiquiatría del Hospital Miguel Servet de Zaragoza –ponente en el seminario Ansiedad, el circuito del miedo, auspiciado por el laboratorio farmacéutico Lundbeck–, hay un alto porcentaje de pacientes no diagnosticados que ven afectados su calidad de vida, sus relaciones sociales y sus actividades. La buena noticia es que un diagnóstico correcto y un tratamiento farmacológico adecuado, apoyado si es necesario con terapia psicológica, pueden resolver el problema.
Normal o patológica
Sentir ansiedad es normal. De hecho, se presenta en situaciones cotidianas como la pérdida de un empleo, una separación, la enfermedad o la muerte de un ser querido. Estas situaciones forman parte de nuestra vida, pero no es normal que se conviertan en enfermedad. Según explica el doctor Salvador Ros, del servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar, en Barcelona, “la ansiedad es un estado patológico caracterizado por un sentimiento de miedo acompañado de signos somáticos que indican una hiperactividad del sistema nervioso autónomo. Se diferencia del miedo porque éste es una respuesta a una causa conocida. Existen diversos síntomas que pueden hacer sospechar la presencia de un trastorno de ansiedad, como por ejemplo una continua sensación de alerta que puede llegar a ser angustiosa, sentimientos de temor o previsión de peligro, hipervigilancia, sensación de fatiga, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria o insomnio. A su vez, la ansiedad puede afectar a diversos sistemas del organismo y manifestarse de forma somática con dolores, temblores, vértigos, mareos, hormigueos, sequedad en la boca, diarreas, dolores abdominales, disminución de la libido, cansancio o malestar general, entre otros”.
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