El lenguaje de los gestos
La influencia en las relaciones
¿Sabías que tus gestos y posturas dicen mucho más de ti que las frases que pronuncias? Más de cuatro millones de expresiones no verbales forman el diccionario más amplio y sutil que poseemos
Tus gestos te delatan en silencio y son capaces de definir con bastante rigor y acierto tanto tu estado de ánimo, los rasgos de tu carácter, como tu actitud ante determinadas situaciones. ¿Gesticulas mucho, mueves las manos constantemente? ¿Te has parado alguna vez a pensar que si tienes la manía de abrocharte o desabrocharte un botón de la chaqueta, tintineas continuamente las llaves dentro del bolsillo, te quitas con frecuencia las gafas para limpiarlas con esmero, te tocas reiteradamente la nariz o te pasas el día atusándote el pelo aun sin tener delante un espejo, en realidad estás mostrando ante los demás signos evidentes de nerviosismo y hasta de ocultación de la verdad?
También es posible que, en ocasiones, te sientas cómodo o incómodo con alguien sin saber exactamente por qué, precisamente porque estás recibiendo un lenguaje de signos que no reconoces en una primera lectura.
Por ejemplo, es fácil que quienes evitan nuestra mirada, o esconden la suya mientras hablamos, nos hagan sentir irritados; o que quienes nos la mantienen con insistencia y fuerza nos produzcan cierto desasosiego. Y es que cada gesto que hacemos pone al desnudo un aspecto de nuestra personalidad porque los ojos, las manos, los brazos y las piernas son tan elocuentes o más que la palabra.
Según el antropólogo Albert Mehrabian, de la Universidad de California (EEUU), en una conversación normal, tan sólo el 7% del mensaje nos llega a través del lenguaje; un 38% procede del tono de voz; y un 55% de los gestos del cuerpo.
J. Bridwhistell, psicólogo de la Universidad de Louisville (EEUU), asegura que usamos, por término medio, sólo doce minutos diarios para comunicarnos a través del habla, constituyendo el lenguaje no verbal el 65% del tiempo dedicado a la comunicación.
Y si tanto en cantidad como en calidad, la comunicación no verbal supera con creces al lenguaje de las palabras, no es menos cierto que el lenguaje corporal es también mucho más sincero que el oral. Ante una situación concreta, mentir con palabras resulta sencillo; por el contrario, fingir un estado de ánimo con gestos es más arriesgado.



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