La revolución de los padres

... si las madres no lo impiden. Durante siglos se han desentendido de la educación de sus hijos, pero ahora quieren rectificar: los padres se sienten relegados y reivindican su lugar. Los periodistas Pilar Cernuda y Jorge Alcalde –ella, madre sola; él, padre separado– debaten sobre la situación de los padres a quienes se les impide ejercer su papel

Jorge Alcalde: Pero si llegamos a la conclusión de que existen dos roles diferentes, tendríamos que ver qué aporta la figura del padre… porque no es una madre con barbas. Existen algunas investigaciones científicas que aseguran que, en los primeros años de vida, el contacto físico de la madre es muy distinto al del padre: la madre cumple una función nutritiva y tiene un contacto de protección y de cuidado. En cambio, el primer contacto a la hora de jugar con un niño, de llevarlo a hombros, etc., corresponde al padre, según las investigaciones. Se trata de un contacto que, para el niño, supone la iniciación en lo que podríamos llamar ‘retos personales’.
Por eso, los primeros signos de independencia generalmente vienen propiciados por un estímulo paterno. Y, en cualquier caso, todos los estudios demuestran que para los hijos resulta sumamente beneficioso el hecho de que el padre se implique de manera estable y responsable en su educación. Necesitan la figura paterna.
P.C.: Pues yo, en algunas ocasiones, incluso me he alegrado de no tener una pareja al lado que ejerciera el papel de padre. Por ejemplo, cuando llega la adolescencia, todos pensamos que no vamos a tener ningún problema con nuestros hijos porque los hemos educado estupendamente. Pero no es así: se pierden los nervios cada cinco minutos, tienes que tener un autocontrol tremendo… Es la etapa más complicada para ellos y para los padres; por eso, yo he pensado muchas veces que, si tuviera que compartir la conducción de esa adolescencia con una persona al lado, no sólo acabaría ‘a tortas’ con mi hija, sino también con mi pareja, porque estoy segura de que terminaríamos haciendo el papel de ‘papá bueno’ y ‘mamá mala’ o al contrario: no estaríamos de acuerdo en el grado de permisividad o de exigencia… Es una etapa tan tensa, tan inexplicable, que si, además de los problemas con tu hijo tuvieras diferencias de criterio con tu pareja, el roce terminaría en debacle.
J.A.: ¿Y no crees que ese roce puede ser incluso enriquecedor en un momento determinado? Aunque sea difícil convivir con la figura del padre, quizá aporte un enriquecimiento incluso en el conflicto, en la disparidad, en la pérdida de nervios, que pueda favorecer en la educación de los hijos
P.C.: … o no. No podemos imaginar hasta qué punto las situaciones llegan al límite de lo que puedes aguantar, y alguien que esté a tu lado, aunque sea dialogante, te puede romper los nervios… y, si no es dialogante, todavía te los rompe más.
J.A.: Lo ideal es que cualquiera de las fórmulas posibles para la crianza de los hijos tenga las mismas posibilidades y facilidades de ser adoptada. Del mismo modo que se defiende el derecho inalienable de cualquier hombre y de cualquier mujer a criar solos a un hijo, también hay que defender el derecho inalienable de un padre a estar presente en la educación de sus hijos, en contra de que haya algunas leyes,
o simplemente prácticas consuetudinarias, que complican la cuestión.

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