No sin mi pareo

Si no concibes un día de playa sin taparte de cintura para abajo, presta más atención al coco que al espejo: puede que bajo la tela no sólo ocultes piel, sino también tu autoestima.

Texto: Noelia Jiménez. Fotos: Sofía Roca /Mario Sierra.

NO ME LO QUITO
A la hora de hacer la maleta, lo tienes claro: pareos, caftanes y más pareos. La consigna es tapar todos los centímetros posibles de tu cuerpo. Para ti, levantarte de la toalla para ir a darte un baño es como atravesar una alfombra roja en Cannes: te sientes expuesta a cientos de miradas críticas. Dan igual las dietas que hayas hecho y las horas que hayas pasado en el gimnasio: te pruebas el biquini en casa y, por más vueltas que des ante el espejo, no terminas de encontrar tu lado bueno. Claro que también puede ser que estés delgada pero aun así no acabas de gustarte: te ves menos guapa que tu amiga la ‘rellenita’ y por eso tapas tus piernas, tu ombligo, tu pecho... Antes de ir en busca de un ‘burkini’, sigue leyendo. El consejo de la experta: “No es obligatorio mostrar. Si realmente te gusta ir a la playa en pareo, no tienes por qué sentirte mal por ello –afirma la psicóloga Isabel Menéndez–. Ahora bien: plantéate si realmente lo haces porque sigues tu deseo o porque piensas que tienes que acomodarte a lo que la moda impone”. No pierdas de vista los roles entre los que desarrollas tu vida: “Se supone que la mujer juega el papel de “mujer atractiva” –recuerda el psicólogo Iván Aranda–, pero hay otros que desarrollamos bien: el rol de madre, el de trabajadora, el de amiga...”.

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