¿Podrías aguantar 21 días sin quejarte?
El "reto de los 21 días", una idea de Will Bowen, un pastor de Kansas, se está extendiendo por decenas de países. Lo que parece un juego de niños podría cambiar tu vida...
Texto: Marta Chavero
La iniciativa de este norteamericano tiene seis millones de seguidores que se distinguen por llevar una pulsera morada con el lema “Un mundo sin quejas”. Se la colocan en la muñeca en el día 1 de su reto (aguantar tres semanas sin protestar) y cuando fallan, cambian la pulsera de mano y vuelven a empezar. La media es de cinco meses para superar el reto, pero se puede conseguir: sólo hay que empezar. La pulsera se puede solicitar gratuitamente en acomplaintfreeworld.org, aunque también nos puede servir cualquier otra que nos recuerde nuestra meta. Lo importante es intentarlo y no desanimarse con el primer fallo. Hemos hablado con un consultor norteamericano, Jon Gordon, autor del libro Prohibido quejarse (Ed. Empresa Activa) y él mismo reconoce que tiende a ser un “quejica profesional”. Ya hemos dado el primer paso: reconocer que protestamos a todas horas.
Pero, ¿por qué nos quejamos? Enrique García Huete, psicólogo clínico y director de Quality Psicólogos, nos explica que la queja es buena porque tiene un efecto social importante: “Buscamos una solución externa. El problema es la cantidad y la intensidad de nuestras quejas: cuando son muy excesivas pierden su función social y terminamos siendo unos pesados”.
¿POR QUÉ PROTESTAMOS?
Para conseguir nuestro reto, hay que saber de qué nos quejamos. García Huete nos propone: “Durante uno o dos días anotemos todas las quejas del día. Así se puede obtener una buena radiografía de lo que ocupa nuestra mente”. Comprobaremos que la lista de quejas es larga y que cualquier tontería engrosa la columna de los “lamentos”. Cuando lo veas en el papel, te darás cuenta de la cantidad de quejas tontas que expresas al día. Mira a tu alrededor y comprobarás esta máxima de Jon Gordon: “Los quejicas se centran en las quejas y en los problemas, no en las soluciones. Y de esta manera ven sólo lo negativo, no lo positivo”. Quejarse es normal, pero el problema, nos comenta García Huete, surge cuando la queja se convierte en una actitud constante, “porque se dejan de percibir otros aspectos amables de la vida”. Anota las razones que da Bowen para proseguir nuestro reto de estar 21 días sin quejarnos: mejor ánimo, menos dolores, más autoestima y relaciones más satisfactorias con los demás”.




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