¿Podrías aguantar 21 días sin quejarte?

El "reto de los 21 días", una idea de Will Bowen, un pastor de Kansas, se está extendiendo por decenas de países. Lo que parece un juego de niños podría cambiar tu vida...

Texto: Marta Chavero

¿Cómo conseguirlo?

Si quieres profundizar, el pastor de Kansas ha escrito Un mundo sin quejas (Ed. Grijalbo). Con este libro “aprenderás qué es una queja, por qué nos quejamos, qué beneficios creemos que obtenemos al quejarnos, por qué quejarnos resulta destructivo para nuestra vida y cómo podemos ayudar a los demás para que dejen de quejarse. Aprenderás los pasos para erradicar esta forma de expresión que sólo envenena tu vida. Si te comprometes y sigues este método, no sólo no te quejarás más, sino que quienes te rodean también dejarán de hacerlo”. ¡Casi nada! Pero volvamos a la lista: nos aconseja Jon Gordon que nos demos cuenta de que la mayoría de nuestras quejas son “parloteo puro”: el tiempo, el tráfico, el dolorcillo de cabeza y el “recadismo”, una actividad eminentemente femenina que hace alusión a la ingente cantidad de gestiones que implican colas, atascos, ventanillas, aparcamientos imposibles… y que a la vez cargan de energía negativa nuestras vidas. No dejes que pequeñas cosas como éstas te impidan alcanzar tu reto y entorpezcan tu bienestar diario.

Las quejas envenenan

Si todavía no te has convencido de la necesidad de no quejarse, García Huete nos da algunas razones bastante convincentes: “Cuando la queja es constante, envenena. Te haces mala sangre, de alguna forma te vuelves obsesivo y esta actitud acaba absorbiéndote”. Quizás tenemos que dejar de tomarnos tan en serio, aprender a mirar a nuestro alrededor y elevar nuestra autoestima. Eso es lo que nos recomienda Jon Gordon: “Deja de sentirte frustrada por lo que eres y empieza a ser optimista con lo que serás”. En definitiva, y volvemos al “reto de los 21 días”, es una forma desenfadada de mejorar, que puede incluso tomarse lúdicamente, como un juego, pero que tiene una base científica. ¿Qué hay que hacer? Se trata de aplicar el lema de Will Bowen: “Si algo no te gusta, cámbialo. Si no puedes hacerlo, cambia tu actitud. No te quejes.”

Cada uno a su estilo

Una vez que sabemos de qué nos quejamos, hay que tener muy claro que cada uno tiene que conseguirlo a su manera, porque algo que parece tan evidente como que no todos somos iguales, es vital para lograr este reto. García Huete nos explica que hay distintos estilos de quejicas: “Los muy emocionales tienden al neurotismo. Cuando las noticias son positivas, las amplifican; pero cuando son negativas, también. Al amplificarlas, si el entorno no les ayuda a restar importancia al problema, la persona se angustia, aunque sus allegados lo vivan como algo absurdo, como una exageración”.

Y pasa lo contrario con las personas muy estables, “que lo viven todo con más dureza, no se quejan porque no tienen capacidad para detectar los problemas. Carecen de señales internas para preocuparse y, sobre todo, para pedir ayuda”. Ni lo uno, ni lo otro. Son los dos extremos. Cada persona tiene que ir marcando su propio ritmo según su personalidad.
Por eso, si ya tenemos la lista y estamos preparados, sólo necesitamos menos semanas de lo que duran las ansiadas vacaciones de verano para conseguirlo. Es decir, tenemos tres semanas para lograr el “reto de los 21 días”. Hay que volver al trabajo con el reto conseguido, “porque no hay metas, ni sueños imposibles, sino personas incapaces”, y esta frase, que escuché hace unas semanas, no es nueva pero sí oportuna.

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