Síndrome de la 'madre culpable'

¿Por qué unas sí y otras no?

Las mejores madres, las mejores trabajadoras, las mejores esposas. Más, siempre más. No llegamos. ¿Y, encima nos sentimos mal? Dos de nuestras lectoras nos cuentan cómo superar el complejo de culpa o, por el contrario, cómo hacer que nunca aparezca

Texto: NOELIA JIMÉNEZ. Fotos: ANGÉLICA HERAS. Estilismo: MARÍA BLASCO

Levantarse temprano, arreglarse corriendo, salir de casa con un café bebido, rendir al máximo en una jornada laboral interminable, hacer la compra, recoger, preparar la cena y la comida del día siguiente, bañar a los niños, ayudarles con los deberes, charlar con tu pareja… Y caer rendida en la cama, con la sensación de que aún te faltan cosas por hacer. Pensando que, si el día tuviera 48 horas, seguiría faltándote tiempo para llegar a todo. Esa sensación resulta cada vez más común. Y también es más frecuente que vaya acompañada de un sentimiento de culpa.
Amalia Fernández y Ana Martínez lo saben bien. Amalia es enfermera y ya ha cumplido los 50. Se separó hace 16 años y se quedó en la calle sola, con dos niños, sin pensión alimenticia y con 800.000 pesetas de entonces para arreglar la casa que le habían prestado y empezar una vida nueva. La culpa la abrumó: “Uno no es insensible, y te sientes culpable por ver el sufrimiento que se genera a tu alrededor”, comenta. “Pero resultó más duro enfrentarme al mundo sola con dos niños muy pequeños, a los que tenía que hacer entender la situación. Además, yo soy enfermera y mi horario siempre ha sido muy difícil, con guardias, turnos de noche… Eso te hace sentir culpable, porque miras a tu alrededor y te preguntas: ‘¿Cómo lo voy a hacer con mis hijos a partir de ahora? ¿Cómo voy a lograr que no sufran el trauma de la separación?’. Pasé varios años muy duros y complicados”.
Para Ana, en cambio, la palabra ‘culpa’ nunca fue un lastre que llevar a la espalda. Esta diseñadora de complementos, de 44 años, también se enfrentó al reto de dar un vuelco a su vida para sacar adelante a sus tres hijos. Sin embargo, aunque las jornadas laborales se hacían eternas y se alargaban incluso hasta el fin de semana para conseguir ingresos extra poniendo copas, nunca se ha sentido mal. “Quizá esquivé la culpa porque conseguí que a mis hijos no les faltase su padre. Para mí eso era fundamental: teníamos claro que lo más importante no éramos nosotros, sino que los niños estaban por encima de todo. Es verdad que los veía poco porque trabajaba más que nunca, pero también tenía claro que no iba a ceder a ningún tipo de chantaje que me pudiera hacer sentir mal por dedicarles menos tiempo del que quisieran”.
Ana logró que nunca le afectase el síndrome de superwoman. Según la psicóloga Laura Rojas-Marcos, autora de El sentimiento de culpa (Ed. Aguilar), “las mujeres con edades comprendidas entre 25 y 45 años estamos en un proceso de transición: se da por hecho que estamos incorporadas al mundo laboral, pero no ha desaparecido el papel de la mujer como ‘gran cuidadora’. En esta situación, podemos pasar tantas horas cuidando a los demás que, al final, no tenemos tiempo para nosotras mismas. Y así es como surgen muchos sentimientos de culpa: aparece el fracaso, porque la mujer se cansa, siente que no da para más y se deprime”.

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