Tan iguales, y tan distintos
Opuestos y complementarios: así son los dos sexos. Y a pesar de todo, estamos condenados a entendernos. O por lo menos, a tomar con sentido del humor nuestras diferencias que, queramos o no, las hay.
Los estudios sobre el uso de las redes cerebrales en ambos sexos, la biología y la genética lo demuestran. No sólo nos comunicamos de manera diferente, sino que pensamos, sentimos, reaccionamos, amamos… de forma distinta. Ser conscientes de esto es el primer paso para aceptarnos. El segundo paso sería conseguir el equilibrio entre hombres y mujeres para evitar que la balanza se incline siempre del mismo lado. En cualquier caso, conviene intentarlo, aunque sólo sea porque somos de la misma especie, aunque a veces parezca que venimos de mundos opuestos.
LAS HORMONAS GANAN A LA EDUCACIÓN
Algunas de las diferencias emocionales y de conducta entre sexos tienen un origen cultural y social. A las niñas se las anima a ser dóciles, a ellos a ser competitivos. ¿Estas tendencias son las responsables de las diferencias? Estudios recientes responden que no, pero con matices. Los niños aprenden por imitación, por tanto el contexto social en el que crecen moldea su mentalidad e influye en sus conductas, pero no las determina. Es decir, la educación no es la causa de que a los niños les encanten los juegos de competición, mientras que las niñas prefieran el consenso, sino que las actitudes que adopta cada género tienen mucho que ver con la química hormonal. Así, en los hombres, la testosterona además de ser la responsable del impulso sexual y de la aparición de los rasgos masculinos, como el vello facial o la voz grave, actúa como un combustible que provoca la necesidad de luchar por un puesto destacado, algo que explica la característica típicamente masculina de "ser el que más...". Pregunta a tus amigos. ¿Hay alguno que no haya jugado a ver quién lanzaba una piedra más lejos? La química hormonal de las mujeres es más compleja. Estrógenos y progesterona son los responsables del instinto maternal y, según la antropóloga Helen Fisher, de la tendencia femenina a buscar la armonía y a conectar con otras mujeres. Esto explica que las amigas sean tan importantes a lo largo de sus vidas.
¿POR QUÉ LLEGAMOS A ENTENDERNOS?
Quizás porque todo hombre tiene una parte femenina y toda mujer tiene su lado masculino. Además, aunque algunas mujeres deben aprender que la intuición y la sensibilidad no están reñidas con el coraje ni con la lógica, lo cierto es que la mayoría ya sabe moverse en un mundo de hombres. Mientras, la asignatura pendiente de muchos varones es despertar su parte femenina sin que su masculinidad se resienta.
En definitiva, unos y otras debemos conciliar los dos aspectos, porque no se trata de separar o sustituir, sino de unir y obtener una síntesis que combine lo mejor de ambos. Y sí, la química es diferente y los modos de ver la vida y de vivirla también, pero aunque a veces sea difícil sobrellevarlo, hay que reconocer que ahí está la gracia.



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