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Dicen que las casas describen a quienes las habitan, pero eso no siempre ocurre con los lugares de trabajo. Cuatro mujeres nos invitan a conocer sus peculiares ‘despachos’. Son espacios diferentes para personalidades únicas.
Texto: Anabel Vázquez. Fotos: María de Miguel y Nerea López.
Blanca Muñoz escultora y grabadora
Premio nacional de grabado en 1999 y artista de la galería Marlborough, es como sus esculturas: un equilibrio perfecto de delicadeza y potencia. Su espacio de trabajo también lo es. En su estudio de Madrid conviven las flores con las máquinas soldadoras.
En lo que se refiere a su taller, Blanca sólo tiene una exigencia: la luz. “Me gustan los espacios luminosos y silenciosos”. Ella trabaja con música clásica, porque “distrae menos”. Pese a esto, reconoce que, por la naturaleza de su trabajo, debe hacer ruido. Aun así, en el taller se respira calma.
Cuando la visitamos, la encontramos con una camisa masculina, su uniforme de trabajo, y los dedos envueltos para no dañarse ni dañar los materiales.
Sus obras, expuestas en el Reina Sofía y en el Palacio de la Zarzuela, son como ella: entre ligeras e industriales. Blanca trabaja sola, sin movimiento en el estudio y con ritmos lentos. Nos interesamos por saber en qué circunstancias no podría trabajar y lo tiene muy claro: “Sin luz natural. Puedo tener un estudio pequeño, pero debo poder recibir la luz del sol.




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