Te mereces una segunda oportunidad
Sandra Ibarra: “Me he pasado mi juventud luchando y toda la vida sobreviviendo”
“Cualquier cosa (que te deje el novio, no tener trabajo...) es mejor que tener cáncer. Por eso te salen las cuentas de la felicidad”
Texto: Clara Laguna. Fotos: MARÍA DE MIGUEL.
Ella misma bromea diciendo que su vida ha sido un ‘culebrón’. Cuando tenía cinco años, su padre los abandonó a su madre, a ella y a sus hermanos; a pesar de ser finalista, no pudo competir por ser Miss España porque aún no tenía los 18 años; cuando su carrera de modelo empezaba a despegar, le diagnosticaron leucemia...
Sin embargo, esta mujer fuerte de apariencia dulce y delicada, lo tiene claro; se queda con la versión positiva de los hechos: “Mi padre se fue, sí, pero así recibí un extra de cariño de toda la familia; no pude participar en la fase final de Miss España, pero me sirvió de trampolín; tuve cáncer, pero me curé (¡dos veces!) y fui una privilegiada por tener un hermano compatible para un trasplante de médula...”.
¿La enfermedad sacó lo mejor de Sandra? A ella no le gustan nada los tópicos en torno al cáncer, y opina que el hecho de que no conozcamos todavía el origen de la enfermedad propicia cierta mitificación. “Lo que sí creo es que la adversidad potencia los rasgos de tu personalidad. Además, todos somos mucho más fuertes de lo que pensamos...”, reflexiona.
Ella, desde luego, estaba decididad a no ‘bajarse’ de la vida: “Lo que te duela te va a doler igual en casa que en una barbacoa con amigos o presentando una gala, así que prefería lo segundo. Decidí vivir con mayúsculas”. El cómo lo ha hecho es una larga historia. “Para estar bien durante el primer proceso, la ignorancia me ayudó
–recuerda–. Tenía el 95% de la médula dañada, a mi madre le dijeron que, si superaba el fin de semana, se podría hablar de tratamiento... Pero yo no sabía qué era y lo viví con mucha energía”. A los tres meses del trasplante, hacía su primer desfile a favor de la Asociación Española contra el cáncer (AECC).
Pero el momento en que le diagnosticaron leucemia por segunda vez fue uno de los más duros. “Se reducían las posibilidades de curación; me hicieron otro trasplante y tuve muchísimas complicaciones. Y lo peor fue tener que decírselo a mi madre”. Admite que entonces se sintió enfadada “con el mundo”, pero aún así, ese día fue a grabar a la televisión (estaba invitada en el concurso Pasapalabra) sin decir nada a nadie. ¿Qué necesidad tenía de hacerlo? “Es el afán de superación, que es lo que me ha ido marcando”, concluye. Sandra siempre se ha apoyado en su familia y amigos y se ha marcado objetivos a corto plazo. “En realidad es así para todos, hay que vivir cada día como si fuera el último”.
Un antes y un después
El año 2007 supuso para ella un punto de inflexión. La AECC le entregó una distinción de manos de los Príncipes de Asturias. “Fue uno de los momentos más bonitos de mi vida. Tenía una insatisfacción: trabajaba en proyectos pero nunca sabía cómo terminaban, no sabía si realmente estaba contribuyendo a cambiar las cosas”, recuerda.
Ése fue el empujón que necesitaba para dar el paso y crear su Fundación, su propia “Leyenda Personal”. En ella puede aplicar todas sus facetas a su trabajo: la de su experiencia como paciente y la de su formación en Publicidad (estudió Ciencias de la Información). “Intento trabajar y recomponer el puzle de mi vida”, resume. Es consciente de que se la conoce como la ‘activista’ Sandra Ibarra, que tuvo cáncer, pero no le importa. Al contrario, aunque
evidentemente nunca soñó con tener esta enfermedad. “Una tiene mucho sueños –comenta–, pero luego la vida te lleva por otros caminos y te dices: ‘Bueno, ¡pues voy a hacer caso a la vida!’”.
Confiesa que pasar 24 horas al día hablando de cáncer “es una mochila que pesa”, pero también le da muchas satisfacciones. Además, el ser conocida hace que el mensaje llegue multiplicado, por lo que siente que es una “obligación moral”.
Aprender a relativizar
Al escucharla, parece que haya encontrado todas las respuestas. Sandra se ‘defiende’: “No veo la vida de color de rosa, lo que pasa es que todo es mejor que tener cáncer: que te deje tu novio, no tener trabajo... todo. Por eso te salen las cuentas de la felicidad. Yo valoro tener saliva y lágrimas, porque me han faltado”.
Lo de quejarse no va con ella (“Cuando veo a la gente tan enfadada pienso que yo podría estar cabreada desde por la mañana. Si todos intentáramos tener buena actitud, el mundo iría mucho mejor”), pero si le preguntas qué ha sido lo peor... “Creo que me he pasado mi juventud luchando y toda la vida sobreviviendo. Ahora soy feliz, disfruto con lo que hago, he encontrado al amor de mi vida (el periodista Juan Ramón Lucas)...” ¿Qué más se puede pedir?




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