Vida sin estrés
Mejorar la calidad de vida desacelerando el ritmo
Carl Honoré, escritor y periodista
Despacio, suave, recuperando el placer de ir por la vida sin priosa, sin agobios, disfrutando de las pequeñas cosas. El 'slow life' ('vida lenta') es un movimiento con miles de adeptos en el mundo que invita a pasar del estrés, de la comida rápida, del domingo en el centro comercial, del viajar con todo organizado, etc... ¿Te apuntas?
Texto: Sonsoles González Ortiz
Carl Honoré, escritor y periodista, mostró al gran público que un mundo más humano era posible simplemente decelerando el ritmo de vida. Así lo explicaba en su libro Elogio de la lentitud
(RBA), la base del movimiento ‘ slow life’
(vida tranquila) que practican ya miles de personas en el mundo. En su último trabajo, titulado Bajo Presión
(RBA), habla de cómo aplicar el ritmo slow en la educación de nuestros hijos. Él mismo nos cuenta cómo ha conseguido ir por el mundo con más calma.
¿Cómo ha aplicado en su vida las normas slow?
Antes estaba siempre enchufado al ordenador y al móvil. Ahora lo apago casi siempre y me comunico por correo electrónico. Además, digo ‘no’ a muchas cosas. Antes aceptaba todos los trabajos, todas las invitaciones; ahora, elijo las más importantes. Les dedico el tiempo adecuado y así las disfruto al máximo.
Pero eso no es tan sencillo.
Para algunas personas esto será imposible, pero para otras sí es factible. No obstante, si hay gente que no puede apagar teléfono significa que su empresa está mal gestionada.
¿Por dónde hay que empezar para relajarse?
El punto de partida es un cambio de chip mental y pasar de hacerlo todo lo más rápido posible a hacerlo lo mejor posible; aplicar la velocidad adecuada a cada cosa.
¿Ahora tiene más tiempo libre?
Sí, e incluso dejo momentos para no hacer nada. He pasado de tener la agenda llena a tener huecos en blanco. Unos huecos que antes me daban pánico y que ahora empleo para nadar, meditar, caminar…
Vivir el slow life supone un cambio bastante profundo...
Hay un antes y un después. También tengo momentos de ajetreo como son la promoción de mis libros. Pero esta lentitud de vida produce una gran serenidad por dentro y hace que en los momentos de más agitación no me sienta estresado.
¿Cree que los gobiernos deberían apoyar esta labor de desaceleración?
Creo que sí. Estamos viviendo una época muy interesante, inmersos en esta gigantesca crisis financiera. Ahora está todo sobre el tapete y la gente se está dando cuenta de que el modelo global de nuestra cultura es un modelo insostenible. En todos los ámbitos: medioambiental, sanitario, laboral… Yo me siento optimista porque estamos entrando en una fase en la que se replantearán muchas cosas.
¿Qué deberían empezar a cambiar?
Ya vemos signos de cambio en el sistema financiero y, en los próximos meses, empezaremos a ver un nuevo mundo donde desaparecerán unos tipos de mercado y veremos una nueva manera de pensar en los capitales y en manejar el dinero.
¿Vamos por buen camino?
Creo que sí. Estamos entrando en una etapa de reivindicar el pensamiento a largo plazo; todo lo contrario al que había durante el auge económico que era profundamente cortoplacista. Antes se quería cambiar mucho pero en poco tiempo; pero eso lleva a la presión. Habrá que esperar algún tiempo para ver cambios profundos.
Y para rematar, todo ese estrés se lo transmitimos a las nuevas generaciones…
La presión de los padres es muy fuerte sobre todo en una sociedad consumista como la nuestra. Afrontamos de modo equivocado los primeros años de los niños, queremos que usen las nuevas tecnologías. Estamos aplicando a los hijos las fórmulas de las empressa.
¿Qué necesitan los niños?
Los niños necesitan cosas sencillas, básicas, como jugar con una caja y unos palos. Hay que dejarles tiempo para que se relacionen con su entorno.
En su libro Bajo Presión
habla de las dudas de los padres ante la educación de sus hijos. ¿Cómo es posible en una sociedad tan informada?
Paradójicamente, la proliferación de expertos y de consejos sobre la paternidad ha minado la confianza en los padres. No digo que los consejos no tengan validez pero ahora pasamos la responsabilidad a esos gurús en vez de educar según nuestra forma de ser.
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