Especial San Valentín

Hombres que sí amaban a las mujeres

Texto: Ana Bermejillo. Estilismo: Carlota Sánchez

Si la ciencia demuestra que los hombres vienen equipados de serie para amar, ¿se les ha terminado el argumento neuronal para hacerse los duros??¿Son buenos tiempos para la pareja? ¿O el concepto de amor está en crisis –cada vez nos emparejamos menos, más tarde y durante menos tiempo– y debe redefinirse? Aseguran los sociólogos, como el responsable gubernamental contra la Violencia de Género, Miguel Lorente (en Nuevos hombres nuevos, ed. Destino), que “los conflictos surgidos por los nuevos roles de las mujeres desembocan en un nuevo concepto de masculinidad” que llama “postmachismo” y que tiene que ver con su adaptabilidad. Autores tan de moda como el psicólogo Walter Riso, en La afectividad masculina (ed. Planeta), desentrañan esta nueva masculinidad que afecta a las relaciones con los hijos, los otros hombres y, por supuesto, las mujeres.
Al final, se imponen nuevos modelos de parejas que prueban que el amor, como siempre, nos preocupa a nosotras y a ellos, aunque cada cual lo ajuste a su medida. No en vano dedicamos, de media, 1.095 horas anuales a pensar en nuestras relaciones, actuales o potenciales (una jornada laboral normal supone 2.120 al año);?y la mayoría de los varones piensan en el amor 60 minutos diarios. Son cifras de David Zinczenko (redactor jefe de la revista Men´s Health), en su libro Hombres, amor y sexo (ed. Planeta). Esta guía analiza una serie de encuestas a 2.500 varones.?Sus respuestas demuestran que otorgan mucha importancia a los asuntos del corazón, que les inquieta encontrar a la mujer perfecta y que pueden ser tan inseguros (y obsesivos) como nosotras. Un ejemplo:?si les hacen escoger entre conocer al amor de su vida y practicar “sexo alucinante” durante meses, el 92% elige la primera opción.
Si hay algo que repercute en cómo vivimos el amor, es el trabajo. Así lo explica la socióloga Marina Subirats (en el libro que coescribe con Manuel Castells, editado por Planeta, Mujeres y Hombres ¿Un amor imposible?):?“Para bien o para mal, el género masculino ha perdido el monopolio, no sólo real, sino también simbólico, del ejercicio del trabajo profesional y pagado. Y este cambio ha provocado una especie de seísmo”.
No es sólo que nosotras trabajemos fuera de casa, lo que puede repercutir en su virilidad (las guardianas del hogar se echan al monte), es que a veces comparten con nosotras responsabilidades y tensiones en la misma oficina. Porque, digan lo que digan los adagios populares, las relaciones en el ámbito laboral no son nada raras y, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas español, el 13% de las parejas en nuestro país conoció a su cónyuge en el trabajo. Es el caso de Paloma (que lleva casi quince años como una de las voces de una emisora de radio) y Antonio (que poco después de su desembarco, hace dos, se enamoró de ella). Aunque Paloma diga que “echa de menos echarle de menos” y asegure: “Cada día me desenamoro en el trabajo y me re-enamoro a la salida”, a él no le supone conflicto que compartan jefe y espacio en antena: “Así he comprobado que somos buenos socios”. Quienes estudian estas relaciones aseguran que los que las ‘padecen’ se vuelven más creativos, eficientes y dispuestos a realizar tareas rutinarias. Además, disminuye el absentismo laboral.
Que amor y trabajo hacen buena pareja lo confirman Javi y David. Se conocieron, tras chatear durante horas, y sus sentimientos les llevaron a fundar una empresa. Pese al estrés de gestiones, contratos y viajes, ésta se ha convertido uno de sus vínculos de unión más fuertes. El negocio les ha ido tan bien que cuando se casaron, con una boda de tres días, se tomaron tres meses de vacaciones para dar la vuelta al mundo. ¿Lo mejor? Tras dos años compartiendo jornada laboral, el amor sigue: “Me enamora que cada mañana David encuentre un motivo para hacerme reír”, afirma Javi.

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