Qué te hace sentir 'sexy'

La seducción está en alza

Detectar que gustamos nos hace sentir poderosas al tiempo que alimenta nuestra líbido (y la de ellos). Los corsés y los vestidos lenceros se han colado en nuestros armarios como poderosas armas sexuales

zapato sexy

Alto voltaje en las pasarelas primavera-verano 2010: los corsés de Dolce & Gabbana y Jean Paul Gaultier causaron sensación y los vestidos lenceros de seda y encajes se hacen con los looks más urbanos de Dior y Marc Jacobs. La silueta de la mujer se vuelve atrevida y casi no se encuentra a sí misma si no es subida a unos grandes tacones. Porque, en cuestión de piezas fetiche, la sandalia de altura vertiginosa nunca en la historia vivió una época tan dorada como ésta. Y nadie parece dispuesto a arrebatarle su reinado. ¿Por qué el calzado de tacón se ha convertido en un auténtico icono de lujo? Es el complemento más exclusivamente femenino, un cómplice que nos vuelve sofisticadas, nos da seguridad y se convierte, en muchas ocasiones, en una poderosa arma sexual. Y es que el sexo es uno de esos escasos espacios en los que la diferencia de género juega a nuestro favor. O sea que, cuanto más distintos sean el hombre y la mujer, más atracción se asegura entre uno y otro. Así lo afirma el experto en comportamiento humano Desmond Morris, autor de célebres libros como La mujer desnuda (Ed. Planeta). Asegura que todo aquello de nuestro cuerpo que es redondo atrae a los ojos masculinos, ya que pone de manifiesto nuestra disponibilidad sexual y proclama que estamos sanas y disponibles. Los tacones de aguja, según el arquitecto catalán Óscar Tusquets, “son uno de los complementos mejor diseñados, más seductores”. Y tal vez Tusquets tenga razón.
Para empezar, nos permiten ver la vida desde un escalafón bastante más elevado de lo habitual, lo cual ya es un buen comienzo. Cabalgar sobre unos tacones altos nos permite mirar a los hombres a los ojos desde su misma posición, estiliza nuestra silueta y nos hace el pie más pequeño, es decir, insiste en otra diferencia entre el hombre y la mujer (el tamaño sí importa). ¡Cuántas razones para invertir en unos Jimmy Choo! Pero hay más, y muy interesantes. Quizá la mejor de todas es que, según un estudio publicado en European Urology Supplement, el uso frecuente de zapatos altos refuerza la musculatura del suelo pélvico, el famoso perineo, un músculo plano que se extiende desde el sexo hasta el ano y que nos asegura (a nosotras y a ellos) unos orgasmos más intensos, fáciles y largos.
Un precioso stiletto hace magia con nuestra postura corporal: redistribuye el equilibrio a causa de la altura del talón, por lo que nos obliga a sacar las nalgas y, para compensar al otro lado del tronco, el pecho. O sea, de perfil formamos una curvosa ese, lo que los zoólogos llaman “actitud de pavoneo”.
¿Y de frente? De frente, y en marcha, fuerza nuestro contoneo obligándonos a andar como si estuviéramos bailando, lo que atrae las miradas masculinas.
Desmond Morris nos descubre un argumento más de seducción en La mujer desnuda: “En la pubertad hay una aceleración del crecimiento de las piernas y, por tanto, las más largas vienen a significar la llegada de la madurez sexual. Así, una mujer ‘patilarga’ emite señales superfemeninas”. Desde sus tacones reclama al mundo: “¡Ya estoy sexualmente disponible!”.

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